Entre 23 y 30 la cosa es desesperanzadora

La situación para los jóvenes de entre veintitres y treinta años es del todo adversa y desesperanzadora. La falta de empleo de calidad aboca a muchos de estos jóvenes a la pobreza –en sus diferentes grados, severa o potencial-. El futuro no se ve por ningún lado, mientras que las facturas de la luz, el agua, el gas, el Internet y demas servicios basicos siguen llegando puntuales cada mes.

En este contexto, muchos jóvenes que optaron por salir del nido de los padres y dejar atras aquella casa de la infancia y la adolescencia se encuentran con una situación que les pone entre la espada y la pared. Esten en paro o trabajen a cambio de un salario mísero –poco importa esto-, lo cierto es que no disponen a final de mes del dinero necesario como para afrontar el pago de comida y de las cosas de la vivienda. Así, la única vía para salir de esta encrucijada suele ser el regreso a la casa de los padres, con todo lo que ello conlleva.

Volver a empezar siempre es difícil, sobre todo si el comienzo no lleva consigo ninguna clase de progreso. Volver a encontrar un empleo que permita al joven salir otra vez del hogar de los progenitores se convierte en algo muy complicado, ya que con anterioridad se ha comprobado lo difícil que es hacer frente a todos los gastos rutinarios con un sueldo bajo que no tiene la suficiente holgura.

A partir de este kilómetro cero, la oscuridad se va haciendo cada vez mas grande y la única salida parece ser el exilio, hacer las maletas e irse de un país que no parece darse cuenta de que esta cavando en nuestros días su propia fosa. Y es que trabajar de la especialidad de uno en España ha pasado a ser una utopía grande.