Otro exodo rural

Si los jóvenes españoles de rutina provinciana o rural deciden evitar el exilio y apostar por una solución intermedia que les lleve a buscar trabajo en una gran urbe del país, muchas son las trabas e inconvenientes que tendran que pasar a afrontar. Y es que en este escenario de decadencia y precariedad, resultante de la crisis económica, los jóvenes de España tienen extremadamente complicado acceder a oficios con garantías.

Dar este salto intermedio del que hablamos, de no marcharse al extranjero pero sí trasladarse a una gran ciudad del territorio español, suele acarrear situaciones traumaticas y problemas complejos. Obviamente, el idioma sigue siendo el mismo y el regreso al domicilio original de la familia se convierte en algo barato y próximo. Sin embargo, no es del todo maravilloso ese paraíso del que suele hablarse a la hora de emigrar a urbes como Madrid, Barcelona o Bilbao.

La primera y mas inmediata adversidad que se les presenta a esos jóvenes que abandonan sus pueblos, aldeas, pequeñas villas o discretas ciudades –en lo que a población y oportunidades se refiere- para marchar con ilusión hasta Madrid –nos centramos en el núcleo central del Estado como arquetipo de lo que hablamos- es el alquiler de un piso. La vida es mas cara y encontrar un alojamiento de garantías ya supone un trauma inicial y una inversión que puede trastocar el resto de planes.

Y es que encontrar un alquiler asequible para un joven español, con poco dinero, con poca experiencia y con un trabajo potencial que no estara muy bien remunerado es una tarea dificultosa. Lo mas lógico suele ser acabar en barrios un tanto aislados y con frecuentes problemas de convivencia; adiós a ese glamur que ya empezaba a dibujarse en la mente con el cambio de ciudad, adiós a esas bellas avenidas, a esos idílicos teatros y a todas esas comodidades que suelen proyectarse por televisión.