La identidad sexual en la juventud

Durante la juventud, las personas experimentan muchos cambios físicos y mentales constantemente. Resulta, de esa forma, un período de transición, lleno de vicisitudes y locuras donde se consigue la definición de nuestros rasgos y caracteres que nos acompañaran durante nuestra adultez y por el resto de nuestra.

En ese período, la juventud, también nuestro deseo sexual se ve alterado y es precisamente eso lo que nos señala nuestra orientación sexual. No es para nada raro que en ese instante de nuestras vidas los hombres se vean atraídos por los hombres, las mujeres por las mujeres, los hombres por las mujeres o, incluso, pueden darse casos de donde los hombres y las mujeres se vean atraídos por ambos. Aunque en las épocas primitivas de la humanidad toda orientación sexual que se desviará de la heterosexualidad (relación amorosa hombres y mujeres) se consideraba anormal, por suerte, en la actualidad, se han realizado múltiples campañas en contra de la homofobia y todo tipo de exclusión social para que cualquier orientación sexual sea admitida sin problema alguno.

Hace poco una amiga, trabajadora de Cerrajeros, preocupada me llamó diciéndome que cree que su hija es homosexual. Yo, en efecto, le respondí que no entendía su preocupación, pues la homosexualidad no es una anomalía, sino una condición inherente del ser humano. Por ende, uno no decide si quiere o no quiere ser homosexual, heterosexual o bisexual, simplemente nuestro cuerpo y nuestras emociones lo deciden por sí solas con ideas predestinadas e innatas. En conclusión, no tenemos que culpar a nuestros hijos por su orientación sexual, pues ellos poco tienen que ver en ello y poco realmente pueden hacer para cambiarlo. Las personas sólo somos la consecuencia de nuestra genética y sus deformaciones, por lo tanto, lo único que podemos realmente controlar es nuestro comportamiento ante la sociedad.

Sin embargo, creo que la condición de “normal” que se le atribuye a la orientación heterosexual me parecer parcialmente correcta, ya que si hacemos un censo mundial nos daremos cuenta que la amplia mayoría de la población es heterosexual, por lo tanto, es la orientación sexual común, regular o normal. Mientras que en ese mismo hipotético censo nos percataremos que la población homosexual es ampliamente menor que la heterosexual y que, asimismo, la población bisexual también lo es, por consiguiente, podemos decir que dichas ambas orientaciones sexuales son no usuales, poco comunes, raras o anormales.

No obstante, el término “anormal” adjudicado a los homo- y bisexuales es también un tanto injusto, ya que se presta para malas interpretaciones. Más de un mal intencionado podría decir que los “anormales” no son más que adefesios de la humanidad o errores genéticos de la misma, cuando en realidad dicho término busca distinguir la condición de “poco común” o de “minoría” que tienen los homosexuales y bisexuales en el mundo.

Aun así, la humanidad está dando el ejemplo sobre este tema de la orientación sexual, pues cada vez es más común ver entre nosotros a los homosexuales que siguen siendo minoría, pero con mayor aceptación y menos disgregación que la que antes tenían.